¿Un Guadamecí en la Catedral?

En la visita guiada a nuestra Catedral, al entrar en la Sala Capitular, es de notar a la izquierda un altar delante del óleo que representa a San Rosendo cuyo frontal viene anunciándose como cordobán. Hace pocos días me telefoneaba una profesora de arte, especializada en el tema, diciendo que no era un cordobán sino un guadamecí. Después de historiadores y amantes de las artes que nos llenaban la boca con esa palabra tan contundente, claramente referida a la ciudad de los califas, nos hemos tenido que informar para distinguir entre estos trabajos sobre cuero y poder ofrecer una información más fehaciente.

El cordobán consiste en piel de macho cabrío de gran calidad curtida con zumaque. La perfección de esta piel le da suavidad, flexibilidad resistencia y durabilidad. A pesar que su principal uso es el práctico, también se suelen usar con él técnicas de repujado, gofrado, policromado, etc. Se ha usado desde la época medieval para la elaboración y recubrimiento de arquetas, cofres, baúles y estuches y en la fabricación de zapatos y guantes de gran calidad. A pesar de su uso práctico y funcional los cordobanes se decoran y ornamentan con motivos repujados, pintados o gravados para realzar su valor y suntuosidad.

Se llama guadamecí al cuero pintado o labrado artísticamente. Se aplica sobre la piel curtida una fina capa de pan de plata para pintar y decorar de forma duradera la piel. Su funcionalidad es claramente estética, decorativa y suntuaria. Se ha usado para recubrimiento de interiores, tapizado de sillas y sillones, confección de cojines, biombos, cobertores de cama , cortinas, alfombras y recubrimiento de arquetas y cofres. Se ha usado con fines religiosos para elaboración de retablos, frontales, bolas de corporales, cuadros de devoción, cojines y casullas. Lo que aparece como dorado se trata de lo llamado cordadura. Un barniz que aplicado sobre una pieza plateada la hace parecer dorada.

A la vista de esta información el frontal de nuestra Sala Capitular parece quedar clasificado como guadamecí por la evidente decoración y coloridos que sólo pueden estar tan claros y determinados sobre una base  correspondiente al preparado de pan de plata.

 

 

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